miércoles, junio 30, 2010

no.14 / bonus (tracks) / track 09 leymen pérez de el Libro de Heráclito / los seres y las cosas



leymen pérez

(matanzas, 1976)

de el Libro de Heráclito / los seres y las cosas


en un poema de José Kozer

Introdujiste la mano izquierda en un poema de José Kozer.

La poca luz de la lámpara de aceite y la humedad no era suficiente

para pensar en los seres y las cosas que el país abandonó.

Manchas tenían las manos y los ojos de coleccionar animales extintos. manchas tenían algunos sonidos, algunas costuras.

Córtate las manos, decía el poema; ábrele la boca a las cosas

que sobreviven dentro de la escritura. La perfección que se alcanza

al combinar lo claro con lo oscuro, es como la huella étnica

que camina con nosotros durante el desgarramiento del hueso.

Córtate las manos, que el poema también sangra por el lado derecho.

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siembras

El país que sembré en el patio no crecerá

El país antes del disparo de Mayakovsky

El país después del disparo de Mayakovsky

Sentado en el medio del Parque de la Libertad

en el medio de mí mismo

veo pasar las sombras de los otros

veo pasar mi sombra

la energía y vibración que no vuelve

que no está en la pólvora

en el aire

en la cicatriz

El país que sembré en el patio no crecerá

La tierra es poco fértil es amarga

corta

larga

como el ruido del ferrocarril

que corta la vena la raíz de la ideología

oscura o clara según el horizonte

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(X)

las calles sin asfaltar tienen olor a Rusia. la maldita Rusia por todas partes, hincándonos el cuerpo, llenándonos los pulmones de polvo (Mayakovski, el Gran Crujido, está acostado sobre la tierra roja después de la caída; se levanta y salta): ruido de asfalto, pieza de incertidumbre, yo, ¿yo? en cualquier dirección que miro un endurecimiento del alma, una contracorriente, que hierve a fuego lento como un lamento, llamada Cuba.

las calles sin asfaltar tienen olor a Rusia, que es un árbol, una encina, un gusano que se come las últimas hojas e inhala el humo del disparo, el golpe seco de fe.

●●●

(XXVI)

si hubiera vivido en Rusia

durante los días en que Dostoievsky escribió El jugador

tendría suficiente sal para conservar la naturaleza de los seres,

la oposición de fuerzas iguales

que forman una tensión, una expresión.

yo, que siempre he sido un mal jugador

ahora tengo que hacer el trabajo forzado de los otros

–como los exiliados–

y cosechar en la profundidad de las cosas

lo mismo que en la superficie.

●●●

(XLVI)

Hay que poner en todo, hijo mío, una frontera, un muro de ladrillos,

una cerca de alambre de púa, una montaña de imágenes vivas;

hay que poner en todo un poema de líneas precisas como los dibujos de Durero, aunque algunos seres apaguen el Sol de Cuba, aunque esté muerto el aire y no tengamos hacia dónde ir;

los seres viajan, hijo mío, y yo siempre viajo junto a los seres, entre un estado espiritual y otro, entre corrientes de pensamiento que regresan a la frontera interior del hombre;

colocamos un ladrillo, un impulso de la sangre y dejamos que la fugacidad de la materia crezca como la mala hierba, como un lagarto gótico y caótico, que se oculta en límites pocos profundos del alma;

hay que poner en todo, hijo mío, los límites del alma; los límites de las cosas sobre el alma que no se escribe ni describe con la frontera traída de un sitio con poco dolor;

aunque muerto esté el aire y el país penetre en tu vida como una aguja sin punta; no olvides, hijo mío, poner imágenes vivas sobre los seres y las cosas que todavía sangran.

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