lunes, mayo 04, 2009


Palabras como hallazgo arqueológico dentro de una novela de Rodrigo Fresán: “El cut-up como nuevo lenguaje donde todo aparece fragmentado, donde las historias empiezan por donde terminan y no respetan el orden cronológico de los acontecimientos, lo importante es poner todo por escrito, rápido, antes de que desaparezca o se olvide. Someter cada instante al mayor número posible de variaciones, cada una de ellas presentada de un modo que sea interesante y, al mismo tiempo, justificable. Alterar el modo en que se lee, en que se ve una película, en que se piensa. Primero alterar el nervio óptico y, a partir de la pupila, alcanzar el cerebro y reprogramar todo el sistema nervioso. Así, dejar palabras afuera, fechas, sentimientos.”
Palabras proferidas por el espectral fantasma de William Burroughs desde las entrañas de un televisor que transmite día y noche desde un lugar en el cual no existe el día, no existe la noche, Ciudad de los Muertos, también conocida como Ciudad de la Habana, o tal vez me equivoque, ya que Fresán no ha estado en la Habana, según tengo entendido, y Burroughs tampoco.
Palabras entendidas como el reverso de una moneda de tres caras, en el caso de que existieran monedas de tres caras, triángulo de tres vértices, (…) y uno de los vértices sería la literatura nacional, nacionalizada, hallazgo arqueológico en sí mismo; el otro vértice, la literatura como el afuera, ser un marroquí de la propia lengua, …especie de checo que la oreja del Estado no entiende (Deleuze & Guattari), y el otro vértice, la otra cara de la moneda, la escritura (...)
En caso de que una moneda pueda tener tres caras.
En caso de que se pueda hablar de una escritura (...)
Más bien [y eso es lo atrayente de esta pequeña (…) habanera que no reside en la Habana], debería hablarse de una no-escritura, de un dejar-sin-decir, dónde sólo llega a atisbarse el esqueleto de lo que podría ser una historia, que elige no contarse, como si las historias pudieran tener voluntad propia, o generar libre albedrío. (…) renuncia a falsas autorías, el poder de la pluma sobre el papel deja de ser poder (esta cosa de los poderes es bastante problemática) y se convierte en otra cosa que se resiste a tener nombre.
(…)
Textos cortos, situaciones mínimas, minimalistas, cierta pequeña dosis de lirismo. Textos que casi podrían ser cuentos, que casi podrían ser poesía. Tierra de nadie, fronteras nunca bien exploradas que tanto hacen por rupturas en una literatura nacional muchas veces centrada en sí misma. El placer de narrar trastocado en su caso en el horror a narrar, a llenar páginas y páginas de palabras vacuas y sin sentido. Si una fotografía vale más que mil palabras, entonces los textos (…) son fotografías defectuosas, imágenes inconclusas, sepia desvaído a través de un tiempo neblinoso. Menos de mil palabras para definir acciones pequeñas, cultivar el absurdo como una forma de alcanzar la comunión con una realidad que cada vez más se desliza por el sendero de ese mismo absurdo que a veces se trata de evitar.
Escribir como si no se deseara escribir. Narrar como si no se quisiera narrar. Como a quien le ponen una placa de ionómero en la dentadura. Poner placa de ionómero significa que la lengua se halla incómoda en su cavidad natural. Se crean pequeñas heridas en el interior de la boca que dificultan sobremanera el acto de hablar. No se puede ni tan siquiera comer. La lengua, totalmente desterritorializada, no puede acudir al acto primigenio para el cual fue creada. Pasa a ser máquina, un artefacto en sí misma. Artilugio extranjero, extranjerizante, alienígena …mientras lee una novela como si estuviera escrita en una lengua de otro planeta, B se queda dormido (Roberto Bolaño, Vagabundo en Francia y Bélgica).
Escribir para romper los silencios, pero escribir de tal manera que no se rompan esos silencios. Grafiar como un moje zen dibujaría el horizonte de un solo trazo en la penumbra de un templo. Ideogramas múltiples (Alguien escribió una palabra sobre mi cuerpo. (…) Ahora todos me exigen silencio. En las calles han colgado letreros con la palabra NO en grandes caracteres). Tokonoma en medio de la pared, con vistas a otro mundo. Rizoma subterráneo.
Escribir como quien pone una placa de ionómero sobre la escritura.
Despojar a esta literatura de su propio significado.
De su gravedad.
Sus mayúsculas.