sábado, abril 07, 2007

Adán Buenosayres, Leopoldo Marechal





–¡Enanos–de–por–aquí, desconfiad de la llanura!
Lo había dicho apenas, cuando el remo del hombre de proa cayó silbando sobre la cabeza parlante que volvió a hundirse: burbujas gaseosas afloraron desde el fondo a la superficie, y el hombre de la caña lanzó nunca supe si una risa o un graznido. Pero la cabeza volvió a emerger briosamente, aunque lejos ya de nuestro alcance: escupió una gran bocanada de agua negra, sacudió en el aire sus pelos mojados y se restregó los ojos con dos manoplas chorreantes de légamo.
–¡Desconfiad de la llanura! –insistió–. La llanura es la horizontal igualitaria, la que odia los santos desniveles, la que intenta rebajarlo todo, atraerlo, convertirlo todo a su plano terrible. La llanura es un rencor que debe ser superado. ¡Enanos–de–por–aquí, oídme y desechad vuestra malicia! La vertical no es el desprecio de la llanura: es la llanura misma que se pone de pie.
El orador acuático luchaba por mantenerse a flote y esquivar las maniobras del hombre de la caña, el cual, sudando como un fruto venenoso, hacía lo indecible por acercársele.
–¡Ay del que no desoye la soñolienta voz de la llanura! –siguió diciendo el orador–. Mediocridad vergonzante y conformidad vergonzante, he ahí su destino; luego una complacencia idiota en la vergonzante mediocridad, y al fin un orgulloso rencor hacia lo que tiende a las alturas. Porque también la horizontal tiene su soberbia: la soberbia demoníaca de lo bajo. “Esto es un insulto”, dijo el ratón al considerar la envergadura del elefante. ¡Así habla un enano–de–por–aquí! Yo prefiero la megalomanía de la rana que, por igualarse al buey, se infló hasta reventar. Y no es que la explosión de la rana me suma en un éxtasis metafísico: el acto de reventar me parece una desmesura de la rana y un agravio inferido a la inocencia del buey; pero hay cierta magnitud heroica en el envidioso gesto de la rana, una tensión a lo grande que, a pesar de su ridiculez, merece un elogio de las Musas. Un enano–de–por–aquí exigiría que el buey se redujese al tamaño de la rana. ¡Es el espíritu de la llanura y el encono de lo horizontal!
Adán Buenosayres
Leopoldo Marechal