domingo, junio 13, 2010

no.14 / side a / marcelo morales - de reflejos y materia / track 03



marcelo morales
(la habana, 1977)
de reflejo

Los estados son organizaciones animales, manadas marcando territorios, el comportamiento social del hombre es el de manadas, coherencia entre fuerza e imposición, ayer, en un programa escuché que hay más estrellas que todos los granos de arena de todas las playas, alguien que calcula el universo.
Donde se acaba el universo es la nada, ahí donde no hay materia.
La materia, prueba en nosotros que puede desarrollar una conciencia.
Reunión de la UNEAC:
Caso Pavón, imperialismo y Cuba. El miedo al lobo reúne a las ovejas,
el perro las guía. Hablan de abolir la censura, de hacerle frente.
Abolir censura pero sin libertad de prensa. Democracia,
con un solo partido.
●●●
Un Matemático amigo me dijo que todos los años tienen al menos un día perdido. Ajuste de segundos, la eternidad tendrá sus siglos. Me pregunto si perdimos algo,
me pregunto. El día aquel que te esperaba y afuera sonaron las sirenas.
La reja siguió sonando, siguió abriéndose y cerrándose, todavía siento ese dolor.
La realidad de mi cerebro. La rectitud del tiempo no me permite regresar.
Cuando hablo de dios, la gente puede creer o no creer, pero no saber. Un arrebato es la vida, un arrebato la nada. Tristeza de no verte, de no saber,
Tristeza.
●●●
Un verdadero escritor conoce su poder. No le importa otra victoria que la interna, otra evolución que la de su espíritu. El verdadero escritor, tendrá siempre su enemigo. Por desgracia, en la vida, para la gente, las ideas que se hacen de las cosas, son más reales que las cosas. Las verdades son claras, una vez vistas, no huyen de la definición. Lo profundo no tiende a ser complejo.
●●●
Estaba en el paseo del prado, un festival de poesía,
más seco que un ladrillo en el verano, recordaba ese poema de Bukosky.
Antes me había levantado, había visto el mar chocando contra el muro.
Una taza de café, estaba en el paseo del prado, un festival de poesía,
mis amigos, se habían ido todos de la isla, en la punta los leones,
y llegaron esos tipos de nuevo a hablar de poesía,
mis amigos se habían ido todos de la isla, mis amores.
Manda pinga, me dije,
yo tenía una tristeza más grande que una mosca.
Aunque creo haber visto un gato blanco moverse entre los charcos.
La piedra del muro gris estaba fría, estaba negra y mohosa y estaba fría.
Afuera los demás hablaban de la forma, el contenido.
Gato blanco, gato blanco.
Aunque creo haber visto un gato blanco moverse entre los charcos.
●●●
materia (fragmentos
Cuando veo el polvo en mi cuarto flotando, pienso en la sentencia, hundo mi cara en él.
●●●
La madera podrida de la mesa se deshace entre mis dedos.
En el tiempo, el plato, las espinas de pescado,
dos cabezas que se miran. Mi cerebro mira hacia el futuro. El corredor del vacío.
●●●
Borracho en mi casa, el hielo cruje, estar vivo es un problema, pensaba,
que cada cual resuelve como puede. Cago, gotera de inodoro, espacio de segundos,
había pensado algo, había cerrado los ojos.
Ojala llegara el amor, ojala se abriera.
No puedo volver a los espacios que ocuparon nuestros cuerpos en el tiempo.
No puedes volver a ti, el amor es un fantasma,
los seres, los pobres seres, no nacimos para nada.
●●●
Del edificio de un amigo bajaron un cadáver, no voy a pensar más en la muerte, no voy a escribir más de la muerte, una cuadra adelante recordé, la cabeza se movía de un lado a otro, estaba tapado, como si los vivos tuviéramos vergüenza, la muerte es blanda me dije, la cabeza se movía de un lugar a otro.
●●●
Cuando aquello tendría unos 23 años, me prestaban un estudio en la calle San Lázaro, tenía unas escaleras estrechas, me sentaba a escribir, quería que eso fuera mi vida. En el piso de arriba, vivía un homosexual que estaba enfermo, el respiradero era tan ancho que a veces lo oía llorar. Ponía una música muy alta, lo cruzaba en la escalera, pasillos largos, al otro lado estaba el mar. Una noche, mientras trabajaba, entró una mariposa fea y se quedó quieta en la pared, cuando cayó al piso, la tomé entre mis dedos con cuidado,
por más que quise ver el diseño de sus alas, no fui capaz de abrirlas, los seres entran y salen constantemente de la vida sin mucho espaviento, pensé, días después volví a ver al hombre en la escalera, me miró sin saludarme, el pasillo estaba oscuro, con las llaves en la mano me costaba ver la cerradura.
marcelo morales
(la habana, 1977)
de reflejo
Los estados son organizaciones animales, manadas marcando territorios, el comportamiento social del hombre es el de manadas, coherencia entre fuerza e imposición, ayer, en un programa escuché que hay más estrellas que todos los granos de arena de todas las playas, alguien que calcula el universo.
Donde se acaba el universo es la nada, ahí donde no hay materia.
La materia, prueba en nosotros que puede desarrollar una conciencia.
Reunión de la UNEAC:
Caso Pavón, imperialismo y Cuba. El miedo al lobo reúne a las ovejas,
el perro las guía. Hablan de abolir la censura, de hacerle frente.
Abolir censura pero sin libertad de prensa. Democracia,
con un solo partido.
●●●
Un Matemático amigo me dijo que todos los años tienen al menos un día perdido. Ajuste de segundos, la eternidad tendrá sus siglos. Me pregunto si perdimos algo,
me pregunto. El día aquel que te esperaba y afuera sonaron las sirenas.
La reja siguió sonando, siguió abriéndose y cerrándose, todavía siento ese dolor.
La realidad de mi cerebro. La rectitud del tiempo no me permite regresar.
Cuando hablo de dios, la gente puede creer o no creer, pero no saber. Un arrebato es la vida, un arrebato la nada. Tristeza de no verte, de no saber,
Tristeza.
●●●
Un verdadero escritor conoce su poder. No le importa otra victoria que la interna, otra evolución que la de su espíritu. El verdadero escritor, tendrá siempre su enemigo. Por desgracia, en la vida, para la gente, las ideas que se hacen de las cosas, son más reales que las cosas. Las verdades son claras, una vez vistas, no huyen de la definición. Lo profundo no tiende a ser complejo.
●●●
Estaba en el paseo del prado, un festival de poesía,
más seco que un ladrillo en el verano, recordaba ese poema de Bukosky.
Antes me había levantado, había visto el mar chocando contra el muro.
Una taza de café, estaba en el paseo del prado, un festival de poesía,
mis amigos, se habían ido todos de la isla, en la punta los leones,
y llegaron esos tipos de nuevo a hablar de poesía,
mis amigos se habían ido todos de la isla, mis amores.
Manda pinga, me dije,
yo tenía una tristeza más grande que una mosca.
Aunque creo haber visto un gato blanco moverse entre los charcos.
La piedra del muro gris estaba fría, estaba negra y mohosa y estaba fría.
Afuera los demás hablaban de la forma, el contenido.
Gato blanco, gato blanco.
Aunque creo haber visto un gato blanco moverse entre los charcos.
●●●
materia (fragmentos
Cuando veo el polvo en mi cuarto flotando, pienso en la sentencia, hundo mi cara en él.
●●●
La madera podrida de la mesa se deshace entre mis dedos.
En el tiempo, el plato, las espinas de pescado,
dos cabezas que se miran. Mi cerebro mira hacia el futuro. El corredor del vacío.
●●●
Borracho en mi casa, el hielo cruje, estar vivo es un problema, pensaba,
que cada cual resuelve como puede. Cago, gotera de inodoro, espacio de segundos,
había pensado algo, había cerrado los ojos.
Ojala llegara el amor, ojala se abriera.
No puedo volver a los espacios que ocuparon nuestros cuerpos en el tiempo.
No puedes volver a ti, el amor es un fantasma,
los seres, los pobres seres, no nacimos para nada.
●●●
Del edificio de un amigo bajaron un cadáver, no voy a pensar más en la muerte, no voy a escribir más de la muerte, una cuadra adelante recordé, la cabeza se movía de un lado a otro, estaba tapado, como si los vivos tuviéramos vergüenza, la muerte es blanda me dije, la cabeza se movía de un lugar a otro.
●●●
Cuando aquello tendría unos 23 años, me prestaban un estudio en la calle San Lázaro, tenía unas escaleras estrechas, me sentaba a escribir, quería que eso fuera mi vida. En el piso de arriba, vivía un homosexual que estaba enfermo, el respiradero era tan ancho que a veces lo oía llorar. Ponía una música muy alta, lo cruzaba en la escalera, pasillos largos, al otro lado estaba el mar. Una noche, mientras trabajaba, entró una mariposa fea y se quedó quieta en la pared, cuando cayó al piso, la tomé entre mis dedos con cuidado,
por más que quise ver el diseño de sus alas, no fui capaz de abrirlas, los seres entran y salen constantemente de la vida sin mucho espaviento, pensé, días después volví a ver al hombre en la escalera, me miró sin saludarme, el pasillo estaba oscuro, con las llaves en la mano me costaba ver la cerradura.

no.14 / side a / track 01 yansy sánchez (santiago de cuba, 1981)



yansy sánchez

(santiago de cuba, 1981)

si el ángulo es agudo más se encarna

Todo espoleado responderá al ardid castigo/recompensa

principio binario 01 01 castigo/recompensa

Se necesita accionar al espoleado

a la neurona suficiente del reflejo

que ordenará su turno a miccionar

hasta escurrir su humanidad

Si inadaptado la selección excluye

El espoleado es

para espolear.

●●●

si es bestia con látigo responde

la constancia de dolor devolverá su condición de auxilio

El asunto es moldear una bestia impresionable

Si no responde a la culpa del azote

ni hunde la bestia su cabeza

El domador no es culpable

La humanidad nunca traiciona al domador

Si no responde

guarda distancia de esa bestia

quizás sea un hombre.

●●●

suenan el plato

y asisto babeante como perro

que tiene su oficio en las migajas

y se sabe ilegítimo del pan

que si acontece a diario es por los hijos

con todo más me vale perro a salvo que hijo muerto

Podría –incluso– como perro definirme

peor si incluyo en ello los reflejos

mayores al hecho de menear la cola

o asistir babeante

para luego lidiar con lo que veo

lo que oigo

burlar burdamente mis sentidos

y ladre desentienda mi aullido ese asteroide

que llaman luna los hijos por placer

mientras estrechan las paredes

en esta casa en que perezco

y me diezman del sol y de la lluvia

Absurdo es no se diga soy perro reprimido

peor si incluyo en ello la sapiencia

culpa que me arrastra hasta género canino

porque andar perrunamente ahora es norma

noción del equilibrio

Digamos aunque suban los perros a la mesa

y sustente como líder mi camada

“No heredaré las nalgas imperiales

previstas al banquete de los hijos”

Me restará ajustarme con ganas al cruciforme

mientras como por fuerza las migajas

No hay lugar en tal cuestión para el orgullo

Mientras me suenen el plato asistiré babeante

Me quedará menear la cola si algo ellos derraman

si acaso el pan (entiéndase por vida) no derraman

me quedará aún así menear la cola.

miércoles, noviembre 04, 2009

No.13 Cabeza y brazos fuera de esta ventana


otros brazos
(otras cabezas)

daniel díaz mantilla cállate ya, muchacho

omar pérez las estaciones

efraim medina reyes a golpes / sexualidad de la pantera rosa

naief yehya la gente de latex

juan francisco ferré alegorías de América / América subprime

ricardo alberto pérez la extraña metamorfosis de Casia Heller

hablé sobre Dios con Antonin Artaud
antonin artaud la piedra filosofal / poesía

rachel resnick los carnívoros de Marrakesh

jamila medina tres instantes a lo debbie malon

néstor cabrera going to Montana VII

pedro lemebel la iniciación de los conscriptos / Silvio Rodríguez

e. annie proulx brokeback mountain

james tate brujas & sangre nueva

roberto gonzález echevarría el puente de ponte
josé antonio ponte caja negra de la fiesta

–Pretende usted enojarme con sus tontas parábolas. Lo sé todo sobre su propio padre; Pavel Isaev me habló sobre él, me dijo que era un tiranuelo, que todo el mundo le odiaba, hasta que sus propios aparceros lo mataron. Cree usted que, como su padre y usted se odiaban el uno al otro, la historia del mundo ha de ser simplemente la historia de las guerras que se libran entre padres e hijos. No entiende usted el sentido de la revolución. La revolución es el fin de todo lo antiguo, incluido padres e hijos. Es el fin de la sucesión y las dinastías. Y se renueva incesantemente, si es revolución de verdad. Con cada nueva generación, la vieja revolución queda invalidada y la historia empieza de nuevo. He ahí la nueva idea, la idea verdaderamente nueva. Año uno. Carta blanca. Todo se reinventa, todo se borra y renace: la ley, la moralidad, la familia, todo. Todos los prisioneros son puestos en libertad, todos los delitos son perdonados. La idea es tan tremenda que usted no alcanza a entenderla, como tampoco la entienden los de su generación. Mejor dicho, usted la entiende demasiado bien, y pretende asfixiarla en su cuna.
–¿Y el dinero? Cuando se perdonen los delitos, ¿se redistribuirá el dinero?
–Mucho más que eso. De vez en cuando, en el momento en que menos se lo espere la gente, declararemos que el dinero existente carece de valor y emitiremos una nueva moneda. Ese fue el error de los franceses, permitir que el dinero antiguo siguiera en circulación. Los franceses no hicieron una verdadera revolución, porque no tuvieron el valor de ir hasta el final. Liquidaron a la aristocracia, pero no eliminaron la antigua manera de pensar. En nuestras escuelas se enseñará la manera de pensar propia del pueblo, la que ha estado reprimida durante todo este tiempo. Todo el mundo irá de nuevo a la escuela, incluidos los profesores. Los campesinos serán los maestros, y los maestros pasarán a ser alumnos. En nuestras escuelas haremos hombres y mujeres nuevos del todo. Todos renacerán con un nuevo corazón.
–¿Y Dios? ¿Qué pensará Dios de todo eso?
El joven se ríe de puro júbilo.
–¿Dios? Dios estará verde de envidia.
–Así que usted cree en Dios.
–¡Por supuesto! ¿Qué sentido tendría no creer? Lo mismo daría prenderle fuego a todo, convertir el mundo en ceniza. No; iremos ante Dios; nos presentaremos de pie ante su trono, lo llamaremos. ¡Y vendrá! No le quedará más remedio que escucharnos. ¡Y entonces por fin estaremos todos juntos en un mismo pie de igualdad!
–¿Y los ángeles?
–Los ángeles formarán círculos a nuestro alrededor entonando el hosanna. Los ángeles estarán embelesados. También ellos serán libres para caminar por la tierra como hombres de a pie.
–¿Y las almas de los muertos?
–¡Que cantidad de preguntas hace usted! También las almas de los muertos, Fiador Mijailovich, también si así le parece. Las almas de los muertos volverán a caminar por la tierra, por supuesto. Si así le parece, también Pavel Isaev. Lo que podemos hacer no tiene límite.

el maestro de Peterbursgo
j. m. coetzee

daniel díaz mantilla (la habana, 1970) cállate ya, muchacho



daniel díaz mantilla
(la habana, 1970)



cállate ya, muchacho

No corre el viento aquí, no pasa el tiempo. La ventana es un boquete estrecho y alto que sólo deja ver un fragmento de pasillo techado; la puerta, un boquete tosco protegido con gruesos barrotes pintados de negro. Del lado de allá, otro pasillo estrecho y húmedo conduce a cubiles semejantes: apenas tres por cuatro metros de penumbra, nichos de cemento frío con espacio suficiente para seis bípedos acorralados.
Por suerte, esta noche sólo somos cuatro. Cada cual en su nicho, mirando al techo o las paredes, pensando en ese tiempo que transcurre afuera sin nosotros e intentando medirlo inútilmente mientras tratamos de llegar con vida al próximo minuto. Toda la esperanza se reduce a eso: pasar de un minuto al siguiente sin problemas, resistir sin perder el control, sin caer. Cualquier esperanza, sin embargo, puede ser una trampa para estos bípedos que ahora, acorralados, aguardamos el próximo minuto.
Pero el próximo minuto no llega o, si llega, se funde con el anterior en una sustancia amorfa, elástica, sin más acontecer que flujo febril de las ideas, la rabia iridisciendo en los ojos y una tensión que aumenta a cada instante, el sobresalto interminable de existir en un lapso al margen del mundo, en un nicho frío y sucio que alguien, lejos, guarecido en su confort, diseñó para despojarnos de toda condición que no sea la de bípedos.
–Me llamo Luis Emilio Guzmán Valdivia –dice una voz a mi izquierda–. Mañana es mi santo. Voy a cumplir veintiocho y llevo diez días aquí sin saber de mi familia.
Escucho sin moverme. El tono es resignado, casi apacible.
–¿Por qué estás aquí? –inquiero.
–Dicen que por sacrificio de ganado, pero yo sólo compré la carne. Hay que comer –dice–, imagínense.
Trato de encontrarle un rostro a esa voz y no lo logro. Mientras sea una forma abstracta, pienso, seguirá siendo despreciable en su grisura. Un nombre, un rostro, un dolor, lo acercarán a mí mismo. Tengo la vista fija en el bombillo: un foco de luz amarillenta empotrado con torpeza en un hueco de la pared a la altura del techo, protegido con cabillas, cubierto de hollín y telarañas. Casi hostil esa luz, casi su propia antítesis. Ese es el rostro de Luis Emilio, ese es hoy también mi rostro.
–Yo soy Leandro Azcuí –murmura otra voz frente a mí–, soy del rancho Las Mercedes, de la sierra, y maté a mi mujer. Yo la maté –repite con fuerza y el eco resuena en el pasillo sin visos de arrepentimiento o pena.
Silencio. Pienso en mi casa distante, en mis amigos ajenos a este trozo de realidad tan inusual para ellos, para mí: somos mansos mis amigos y yo, gente buena que sólo en televisión ha visto cárceles, y aunque a ratos nos sentimos enjaulados, nuestra jaula es metafórica.
–Mi nombre es Daniel –digo casi sin pensar–, soy escritor. Yo iba para El Valle. El ómnibus paró en la terminal y bajé a comer algo. Me detuvieron, dicen que me iba del país.
–¿Y a qué va un escritor al Valle, si se puede saber? –pregunta la cuarta voz debajo de mí.
Decir escritor impone cierto respeto, lo que escribes puede llegar lejos y eso es un arma. Si cuentas que intentaron intimidarte para que firmaras un acta de acusación absurda y cuando te negaste te trajeron aquí, sin delito, sin derecho a una llamada telefónica; tal vez tu arma sea usada contra ti: es fácil reducirte a un bípedo acorralado, muy fácil quizás. Por eso tal vez mañana tantee temeroso el bolígrafo y desista.
–¿Y a qué ibas tú al Valle? –me interroga el capitán.
–No sé, creo que a ver.
–¿Ah sí, a ver qué?
–A ver lo que hay, a conocer.
–¿Y a quién tú le pediste permiso?
–¿Y por qué tengo que pedir permiso?
–Porque me da la gana a mí. Para ir al Valle o a cualquier lugar en este municipio tienen que pedirme permiso a mí.
Lo miro. Es un hombre triste este capitán, prisionero de circunstancias que nunca alcanzará a comprender, tan seguro en su cárcel, con su pistola a la cintura y su vacío en el alma. Si yo fuera su hijo también me diría: tienes que pedirme permiso a mí. Pero no soy su hijo, ni su amigo, ni su subordinado. Me encojo de hombros y lo miro sin hablar.
–Yo soy Julio y vivo en El Valle –dice la cuarta voz–. Lo que te voy a contar es para que lo escribas, si eres tan bravo como dices.
–Habla –le pido.
Julio tiene veintidós años. Se fue a vivir con su mujer y su hijo al único apartamento vacío que quedaba en el edificio. Todos en el pueblo estuvieron de acuerdo, pero la policía los desalojó.
–Esperaron a que yo no estuviera para venir –murmura Julio–, amena¬zaron a Nena, que no me iba a ver más la cara si no salía, y lo tiraron todo para afuera. Ahora dicen que yo amenacé al capitán.
–¿Y el apartamento? –pregunto.
–Lo tienen ellos –responde Julio–, dicen que para hacerle un calabozo a la gente del Valle.
–Cállate ya, muchacho –aconseja el celador allende los barrotes.
Abre la reja y me llama. Lo sigo de vuelta hasta el cuarto por donde me hicieron entrar. Húmedo y sin ventanas, es casi la antesala del infierno, pienso mientras acordono mis botas. Recojo la mochila y salgo. En la puerta el capitán me ofrece una disculpa:
–Todos los hombres se equivocan –dice.
–Unos más que otros –le contestaría, pero no tiene caso: es un hombre triste, un prisionero de circunstancias que jamás comprenderá.
Afuera es madrugada. El pueblo duerme resguardado de la frialdad de enero. La calle es dura bajo mis pies. Camino sin prisa hacia la terminal, pensando en el reto de Julio. Quiero llegar al Valle, ver lo que hay, contarlo.